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Miguel Ángel Romero se alza con el Primer premio del III Concurso de Microrrelatos “Noche Blanca”

Silvia Madera obtiene un Accesit, mientras que la modalidad de menores de 18 años se queda desierta.

A la 1,30 h. del pasado 7 de julio, se daba a conocer el fallo del jurado del III Concurso de Microrrelatos convocado conjuntamente por el Ateneo Literario y el Ayuntamiento de la localidad con motivo de la ‘Noche Blanca’.
Entre las 20:00 horas del día 6 hasta la 1:00 horas del día 7 de julio, se recibieron un total de 16 microrrelatos de mayores de 18 años, y ninguno en la modalidad de menores de 18 años.

El Jurado estuvo compuesto por: Manuel Villalpando Chanivet, en calidad de Presidente, Juan Miguel Rodríguez Caballero, en calidad de Secretario y Jesús Catalán Bello, como Vocal, que tras su deliberación emitió el siguiente fallo:

I PREMIO (categoría menores de 18): Se declara desierto.
I PREMIO (categoría mayores de 18): para Don Miguel Ángel Romero García, por su obra “214”
ACCÉSIT AL PREMIO para Dª Silvia Madera Gómez.

A continuación publicamos las dos obras galardonadas

PRIMER PREMIO

214

“Solo personas acreditadas”
Virginia Eliza Clemm esperaba su turno clavando su angustia en el cartel que coronaba la puerta de visitas del sanatorio.

Momentos antes, en la habitación doscientos catorce, un paciente movía trémulamente sus labios:

“− ¡Cordura, vuelve pronto! Regresa antes de que las sombras esbocen la sonrisa.
¿Por qué este desapego?
¿Qué razón quebré para tu desbandada?
¿Cuánta muerte proyecté con estas manos que se agrietan en cada intento?
¿Por qué me has dejado huérfano?
¿No sientes?
Ánimas con garras de arpías se fraguan en este rectángulo cada vez más umbrío, de barrotes torcidos, de torcida pesadumbre, de claustrofóbico futuro.
Versos esquizofrénicos fecundan mi cabeza quemando banderas blancas.
¡Ay, mesura displicente! ¿En qué te traicioné?
¿No ves?
Ahora reptan oscuras ideas, me abrazan, trepan por mis piernas como hiedra hambrienta con olor a ciénaga; escucho sus carcajadas guturales martilleando mi cabeza.
¿No escuchas?
Hasta las palabras que concibo se moldean en lodo: mi voz se volvió invierno.
¡Vuelve cordura, vuelve de abril antes que la narcosis abrace mi garganta!
¡Vuelve, vuelve..., vuelve…!”

− ¿Cómo está el inquilino de la dos catorce? Es la hora de su visita.
− ¿El Sr. Poe? Le suministré un sedante. Estaba muy alterado, cada vez está peor, barruntaba algo sobre un cuervo parlante.

Sentada, con un pañuelo tatuado de enfermedad, la señora Clemm, tosía.

En la dos catorce, sobre el lecho, yacía Edgar.
Por las paredes, sangre; la cita “Nunca más” decoraba tétricamente la habitación.
A los pies del catre, alas negras.

Miguel Ángel Romero García

ACCÉSIT

Solo personas. Somos solo personas. ¿Qué nos habíamos creído?, ¿de veras pensamos que podríamos conseguirlo?. Cuando el cántaro se rompió justo en la orilla del río en su primer trayecto, cuando el caballo regalado perdió su último diente… a la tercera volvimos a perder. En todos los momentos en los que no desoímos las palabras necias, cuando a lo hecho, más que pecho, corazón. Cuando pusimos mala cara al buen tiempo y ningún Dios nos ayudó a pesar de madrugar durante 40 años. Desde el momento en el que el agua pasada movió aquel molino, desde la muerte del cojo a quien nadie cogió por mentiroso. El día que Vicente no fue donde la gente, el pez pequeño se comió al grande. Todo el saber que ocupó nuestro lugar, el mal de muchos que nunca fue un buen consuelo. No hubo mal que a por nosotros no viniera: y aún así, lo seguimos intentando.

Silvia Madera Gómez

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